faro que llora en la noche




oscuridad



Oscuridad es una palabra oscura, agachada, escondida. Yo nunca vi la palabra oscuridad. Siempre anduve por el abecedario con una vela encendida.
Yo nunca pude acariciar la palabra oscuridad. Me dijeron que era áspera, calentita, aprehensiva, como una garrapata. Yo nunca pude acariciarla, qué le voy a hacer. Siempre anduve por el abecedario con las manos en los bolsillos.
Yo nunca vi, nunca toqué, nunca olí la palabra oscuridad. Pero una vez sentí frío. Fue un frío de adentro. De esos que no curan las bufandas.
Una vez sentí frío. Estaba solo. Las luces prendidas. Pero la palabra oscuridad se me metió por dentro. Quedé mudo. Oscuro. Estaba solo. Esa noche lloré.



escarcha en el pecho


Ella me contó todo. No sé porqué decidió clavarme esas caricias por la espalda. No sé qué hacer ahora con tanta sinceridad.
Me lo contó todo. No se ahorró los detalles de calor. Las pieles ruborizadas. No lloramos, me acuerdo que no. Pero me dejó llorando.
Fue una noche. La culpa de una canción. Y sus cuerpos me olvidaron.






mientras



No es divertido vivir sin ti. Los pajaritos callan su canto. Yo sigo siendo un muchacho triste, un mucho sombra, un machoncito. Mancho papeles con tu entrepierna. Yo sigo siendo un botija gris, un grillo mudo. No es divertido vivir sin mí.





después



Si me ves saltando de alegría. Si escuchás que me vieron latiendo de otro amor. Si logré trizar a todos mis fantasmas. Y ya no rengueo. Y río. Y te abrazo contento y te digo te olvidé. No pienses que no sigo llorando por usted.




vigor



A su modo, el escombro también es casa. Y yo te amo, todavía.






agua y harina



Si te pasa, de repente, que me extrañás. No te extrañes, entraña el recuerdo.
La lágrima aquella que nos juntó, nos engrudó para siempre.







inquilino



A veces me gusta pensar que tengo un animal que no controlo. Mucho más fuerte que yo y sin embargo mío.
A veces pienso qué lindo es no poderlo domar. Qué suerte que me dome.
A veces confío en él, infinitamente.
No conoce otra cosa que la fuerza, la libertad, la victoria. Casi nunca saco de la prisión a ese animal atroz. Siempre me lo reclama. Lo esquivo siempre, humanamente.
Pero a veces me gusta pensar que tengo un animal feroz. A veces disfruto dándole la llave de mí para que deje sin cerrar todas las puertas.
Muchas veces lo extrañé cuando lo vuelvo a encontrar. Lo estuve precisando tanto. Cómo lo dejé olvidado.
Muchas veces me encuentro al encontrarlo. Me alegro como una iglesia que recupera su dios.
Suelto a la bestia, cierro los ojos y digo gracias.

Comentarios